Viaje en familia. Santander 1997.
Santander. Celia. 16.09.1997 No quiero dejar pasar esta ocasión sin tan siquiera reflexionar sobre varias cosas: mi estado de ánimo, excelente, mis circunstancias y las de los míos, satisfactorias. Hemos estado reunidos estos días y, la verdad, he disfrutado de su compañía y de su cariño, gracias a Dios. Del ambiente que nos rodea, que no puede ser más agradable y placentero: las montañas, los valles cubiertos de abundante vegetación, arboleda variada, pastos verdes y tiernos que hacen disfrutar a los animales, y multitud de casitas -preciosas la mayoría- rodeadas de flores. Es una gloria para la vista. Santander es una bonita ciudad. Al cabo de algunos rodeos encontramos nuestra Residencia. Las enfermedades de Diana y Marga se desvanecen a la entrada al comedor. ¡Qué hambre! Pasé de verduras, ensaladilla, lomo, peras o manzanas. Lo mismo da, todo lo devoramos. Pero permitidme que descanse esta primera siesta. El paseo por el Sardinero es relajante. La brisa del mar te acaricia la...