Viaje en familia. Santander 1997.

Santander. Celia. 16.09.1997


No quiero dejar pasar esta ocasión sin tan siquiera reflexionar sobre varias cosas: mi estado de ánimo, excelente, mis circunstancias y las de los míos, satisfactorias.
Hemos estado reunidos estos días y, la verdad, he disfrutado de su compañía y de su cariño, gracias a Dios. Del ambiente que nos rodea, que no puede ser más agradable y placentero: las montañas, los valles cubiertos de abundante vegetación, arboleda variada, pastos verdes y tiernos que hacen disfrutar a los animales, y multitud de casitas -preciosas la mayoría- rodeadas de flores. Es una gloria para la vista.
Santander es una bonita ciudad. Al cabo de algunos rodeos encontramos nuestra Residencia.
Las enfermedades de Diana y Marga se desvanecen a la entrada al comedor.  ¡Qué hambre! Pasé de verduras, ensaladilla, lomo, peras o manzanas. Lo mismo da, todo lo devoramos. Pero permitidme que descanse esta primera siesta.
El paseo por el Sardinero es relajante. La brisa del mar te acaricia la cara y la vista del parque sombreado te da un bienestar sin par. No todo es felicidad, Marga se siente mal y no quiere pasear. Pensemos que es pasajero y mañana estará bien.  
La noche es tranquila. Las dos salas de televisión nos acogen según los gustos. Teo contento porque quedó 2 a 1 el Atleti de Madrid con el inglés. 
Miércoles 17, La noche purifica el ambiente. Como envuelta en un gran tul, la ciudad abre sus ojos a la luz del sol. Sus montañas siguen llevando sobre sus hombros las últimas gasas de ligera niebla. Todo pasa pronto y un sol espléndido luce en el horizonte.
Con ánimo salimos a conocer la ciudad, pero sigue un poco pachucha Marga y vamos en el coche hasta la plaza de Franco. 
La Catedral es sobria, digna del románico de transición al gótico, con solemnidad de abadía. Sobre ella, un gótico alto y estilizado, contrastando con la robustez de la abadía. Sus columnas, formadas por un haz de ocho y unos arcos bajísimos. La portada del Ayuntamiento parece barroca, la plaza porticada neoclásica, Correos moderno y el mar precioso.
Hoy Marga no baja, con su suero tiene bastante y nosotros también tenemos bastante con el arroz, judías, filetes, puré, plátano, melón y dulce. Ya está bien. ¿No? 
La tarde se presenta tranquila. Nuestra meta, después de descansar, descubrir las playas: segunda de El Sardinero y La Concha y El Camello. Diana me sorprende por su agilidad y resistencia. No se cansa y admira la belleza de sus jardines con flores tan coloristas: rojos, blancos, amarillos y sobre todo sus escalinatas tan románticas, llenas de frondosos árboles y setos. Marga se queda en cama con su suero, que no le da para más energías. 
Como somos lentos al llegar al comedor, no hay verduras. Menos mal que sopa de arroz y pollo queda y no está malo. Me sorprende la capacidad que tiene este chico de la editorial para decir tantas palabras en un segundo y hacernos ver lo económicos que resultan 100 libros y 100 discos.
Jueves 18, Amanecer. Nuevo día. Luz y color velado por la niebla. Los proyectos del viaje por la Magdalena se cumplen. Gracias a Dios, Marga está mejor y con un té por desayuno nos encaminamos al tren “Magdaleno”. Tan rápido se hace el trayecto que volvemos andando a ver el palacio, los animales, focas, pingüinos y leones. 
De regreso, hambrientos, acabamos con las lentejas, alcachofas y chuletas. ¿El yogurt? ¿Dónde? ¿Cafetería? ¿Heladería? ¿Supermercado? Ya, pero todo se da por bien empleado, porque está mucho mejor. Hasta el plato de la sopa y el de jamón quedan limpios, Santo Teo. El paseo nocturno es misterioso. El mar ha desaparecido; sólo por el ruido de las olas sabemos que está, pero la playa ha crecido como un gigante.
Viernes 19, La mañana está nubliza, no se ve nada de nada. No sabemos qué ruta vamos a tomar. Sí, aparece el sol y visitaremos Santillana, con sus casonas blasonadas, sus calles empedradas y su colegiata del siglo XII. Es una maravilla, parece una ciudad dormida en el siglo aquél y despertada sólo por las flores. Pero a decir verdad, estaba más auténtica en la visita que le hicimos hace exactamente 47 años, con sus carretas llenas de hierba, las casas ruinosas y las calles llenas de agua o barro. Llegamos a duras penas al yantar: cocido montañés. ¡Qué rico! Y ternera guisada. El paseo al puerto pesquero, un fracaso.
Sábado 20, Comillas. Lo primero que me recuerda es: Plaza del Marqués de Comillas número 6, Teo Hidalgo. Las primeras cartas de amor que yo, con 14 años, escribía a Teo. A los 18 las continué, después de 4 años de interrupción. Esto es distinto, una población llena de cultura, su Universidad grandiosa en su construcción y –según dicen— su enseñanza, además llena de arte. El Palacio es precioso, o quizá no sea ese el adjetivo adecuado, porque lo que sí es una filigrana es la Iglesia que usaban al lado de su vivienda. Original el Capricho de Dalí. Con el tiempo muy apurado llegamos a las tres menos cuarto al comedor. Todavía quedaban judías verdes y filetes.
Domingo 21, El buen gusto se ve en los santanderinos. Me gustan sus atuendos y su porte. Son sencillos, pero, en general, elegantes. El paseo ha sido agradable. Acariciada durante la vigilia con amor maternal, la niebla deja tersa, suave y temblorosa la hermosa rosa, el floreciente rosal y el jardín en total. Con las gotas tintineantes de sus perlas en el regazo de sus hijas, se muestran hermosos y llenos de vitalidad, esperando que nuestros ojos descubran su felicidad. Todo este manto verde que envuelve el campo, los jardines y las casas, contemplado desde la bahía, es un cuadro romántico de los pintores realistas en los que destaca un grupo de árboles nostálgicos y un cielo lleno de brumas y suaves resplandores con siluetas de edificaciones del siglo XVIII.
Lunes 22, Teo, Marga y el hombre del tiempo profetizaron día de lluvia. Un sol espléndido aparece en el horizonte con una luz tan cegadora que hasta el mar protesta reflejando sus rayos. Gracias a esa luz hemos visitado siete pueblos del Este de Santander con la panorámica de la ciudad, sus montes y sus playas. Merece especial mención la playa de Los Fantasmas, las piedras negras distribuidas en grupos. ¡Única¡ Jado, Noja, Loredo, Campamentos. 
Martes 23, Bareyo (Iglesia de Santa María del Siglo XII) 
Santoña: La Santa María, cuna de Juan de La Cosa, cartógrafo y marino, acompañante de colón.
Laredo, Castrourdiales: Iglesia del siglo XIII. Gran mariscada, invitación de Diana, hasta las cinco de la tarde. Nada de cena, sólo agua con hielo.
Miércoles 24, San Vicente de la Barquera. Gran pueblo pesquero con antigua Iglesia de Santa María de los Ángeles, estilo gótico, tres naves altas con nervaduras y columnas en cinco tramos, un retablo barroco de columnas salomónicas. Un castillo reformado y murallas. Con Ayuntamiento muy útil.
Jueves 25, Unas quieren y otras no. Por fin, vamos al Parque Natural de Cabárceno, con animales salvajes en un entorno de mina de hierro. Osos, lobos, leones, bisontes,… Pero lo más anecdótico del paseo por el parque “natural” ha sido el recorrido del Faro, con sus cisnes, patos y los corredores de las rutas. La noche q
La noche que llega y no encontramos la puerta de salida…
Viernes 26, ¡Cumpleaños feliz, Didí! Pero está fenomenal. ¡Gracias a Dios! He tenido la ocasión de pedir al Cristo de la Catedral por su salud, su bienestar y su alma. Dios nos conceda la vida tan generosa que nos ha dado hasta aquí y “Su” compañía para la eternidad. Lo hemos celebrado visitando el Museo Marítimo que es curiosísimo, con su enorme ballena, su armario y miles de inscripciones curiosas.. Los peces que vimos en frascos o disecados, los hemos vuelto a ver, algunos de ellos en el Mercado y los hemos comido en “El Vivero”.
Sábado 27, Camino de Reinosa. Retablos churriguerescos en el Monasterio de los Dominicos de Nuestra Señora de Caldar. Un balneario del siglo XIX en el río Besaya.
Río Corvo tiene una calle de edificios antiguos, monumento artístico 1981.
Pesquera. No se me olvidará este nombre, asociado a la Calzada Romana, tan buscada por el “trio Tonelli”.
Cervatos tiene una colegiata del siglo XII, con ábside semicircular.
Juliobriga tiene ruinas en sus cimientos. Del 19, antes de Cristo. Y una iglesia románica.
Domingo 28, Día tranquilo. Visitamos el Hospital y las grandes avenidas de Santander. Nos gustan sus edificios y sus jardines. 
Lunes 29, Este malestar que me ha invadido no me va a dejar disfrutar del final de las vacaciones. Pero doy gracias a Dios porque no interrumpo las actividades de los demás. Todo lo puedo hacer, salir, hablar, andar, etc. Por los chalets, en la parte alta, hemos visto el Solaruco, digno de mención. 
Ya estamos con la “organización” de la maleta, también es digna de verse. Esto suena a final de las vacaciones. Te acuerdas de tu gente, de tu tierra y todo lo que es más entrañable. ¡Bendito sea Dios, que tenemos cosas entrañables! Esto te llena la vida y te da FELICIDAD.




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