Viaje en familia. Guadalajara. 1994

1994. Viajes mama. GUADALAJARA. 25 SEPTIEMBRE. Con Marga.


Este año no hay caminata. Teo no se encuentra con fuerza para aguantar, pero no es que no esté fuerte como un roble. Yo creo que es prevención a su pantorrilla. En fin, parece que con la semana de Castellón, en la que disfrutamos de playa y de ambiente veraniego, acompañados de Mariceli, cuando de playa se trataba, y nosotros solos en la montaña. Ya lo escribí en su día. 

Y la semana de Murcia, que Teo y Nando hijo pasaron su susto en la Sierra de las Nieves y en “La Pila” donde amontonaban la nieve para vender luego el hielo. Regina prefería  “ver tele” que pasar el susto del puerto con os cortes empinados y las barreras que se podían cerrar. Lo pasamos bien, pero de bañarnos nada, aunque estaba el agua de la piscina como el cristal, pero fría como un témpano. Sólo Nando padre se dejó caer sin pensar y salió “pies en polvorosa” por el frío. Nos gustó la casa nueva y sobre todo el entorno ajardinado. Ya veremos si nace algo de lo que sembró en “Los Conejos”. 

¡Bueno, a lo nuestro! La excursión a Guadalajara y sus pueblos ¿Se viene Teo? No. ¿La tía Marga? Sí. ¿Pepe y Luisa? Creo que no.

Ya por fin. Esta mañana hemos salido con buen ánimo como siempre. Destino Guadalajara. Queremos tomar algo, pero es difícil. Este bar está cerrado, otro. Nos pasamos también. Ya llegó.  A 130 o más pasamos Madrid. Eso se creían ellos; pero yo me las arreglé para dar unas vueltas y ya salir. A Guadalajara hay que darle un repaso. Son casi 40 años de la visita anterior. Se nota su mejoría. El Palacio de los Duques del Infantado ya lo arreglaron y se ha vuelto a estropear. Si no se dan prisa el agua le va a quitar un torreón. Es un palacio del siglo XV de Juan Guas, estilo gótico. En el siglo XVI sufrió reformas y por eso se mezcla el gótico con el manierismo renacentista. Por la guerra perdió los artesanados mudéjares. La fachada es una de las mejores de los palacios renacentistas. La decoración es a base de puntas de diamantes romboideas. La puerta gótica, cuyo escudo sostienen dos faunos o salvajes peludos. Los balcones corridos son preciosos. 

Son las tres y a comer. No. Teo quiere ver los arcos del puente. Nosotros preferíamos comer. Vaya calle de “redondilla” sucia, triste, abandonada y sin comer.  ¡Hemos visto un restaurante! Bueno es. Sí, sí, que sí, con los guisantes con jamón y las chuletas. 

Con alegría y tranquilos sin hambre, nos tomamos un descafeinado o té y en ruta a Torrijos. Está bien el castillo, pero sobre todo su iglesita de estilo renacentista, con un cura súper rápido que nos metió una misa de quince minutos; pero como estábamos pocos, nos tocó a más que otras de media hora. El Señor me perdone este tono jocoso, que no podía ser por menos con este esprint de rezos. Su plaza de soportales te remonta a otros tiempos.

Brihuega es  un monumento en su totalidad, un promontorio que domina el Valle del Tajuña. Sus murallas, su castillo de Peña Bermeja, la Iglesia de Santa María de la Peña, románico- gótica. Pero no vimos la iglesia de San Felipe, la más bella.

Sigüenza. Da gusto pasear por sus empedradas y enguijarradas calles, que dan acceso a sus casonas, construidas con la seriedad y austeridad de la Edad Media. Su castillo fortaleza celtibérica, alcazaba musulmana, fortaleza cristiana y palacio episcopal, actual Parador Nacional, acogedor y confortable, sin perder su austeridad. La catedral, construcción primero románica  y luego gótica, de influencia francesa. La portada tiene dos grandes torres, que dan impresión de fortaleza y unos rosetones maravillosos, con sus ventanas góticas y sobre todo sus capillas en las que destaca la de los Arce por la famosa escultura del Doncel Martín Vázquez de Arce, de veinticinco años, guapo, con su leña bajo su cabeza como muerto en batalla contra los moros en Granada. La posición de leer un libro simboliza el paso de la Edad Media al Renacimiento.  En el mausoleo sus padres, sus abuelos, sobrina, etc. La sacristía de las tres o cuatro cabezas, los cajones del infierno, el limbo y la gloria, etc. El árbol que hizo añicos el brocal del aljibe y los extranjeros que como no se enteran de nada, se van.

Renglón aparte merece la misa cantada. ¡Qué delicia! Sus melodías, sus pianos, sus agudos y la letra. Nos emocionó tanto que todos participamos ACTIVAMENTE. ¡¡Bendito sea Dios!! Y siempre sea ALABADO.

Después a la cafetería los enharinados. No, no vamos a comprar más uvas en bollo.

Pelegrina. No, no quiero contarlo porque ya al ver la estrechez de la calle junto a la capilla de piedra veía yo que lo íbamos a pasar mal… ¡Qué nervios! Una fosa del jardín, un muro. El río Dulce, pero el paso alrededor de su iglesia estrecho, muy estrecho. Tuve que comerme la enharinada para calmar los nervios. 

Ya fuera de peligro, a Pozancos. Una magnífica iglesia del siglo XII, de final del románico. La sal de Imón nos causó sorpresa. Unas instalaciones salineras donde se estancan y evaporan las aguas del río Salado, que coge su sal en los estratos geológicos del Roiper. Desde la época medieval protegían su explotación. En el siglo XVIII, Carlos III decretó su modernización y hoy se utiliza su arquitectura industrial. Cincovillas, una desilusión. Una foto en la portada románica. Atienza. Casi no nos dejan dormir, pero al final hemos conseguido dormir de maravilla. Llegó a haber catorce iglesias y una judería. Domina el Castillo de origen árabe. De las murallas quedan algunas puertas, de la Guerra y la de Arrebatacapas, Antequera y la puerta Salada. La casa del balcón en esquina y los soportales. Todo visto y los candiles de la tía Marga comprados, hacemos el retiro después de despedirnos de Pedro “el molinero”, que no es igual que nuestro amigo Pedro “el de Vicente” de Sigüenza, ese sí que es simpático. Gracias a su consejo hemos comido hoy en Galve y dormiremos esta noche en el Hostal, porque el que nos gustó por su título y porque estaba más cerca del Parque Natural del hayedo de Tejera Negra (que nos ha gustado por la inmensidad de árboles y hayas); pero su dueño sólo nos daba la comida el domingo. Hoy es miércoles, parecen muchos días de ayuno. Y cama, nos daría cuando acabasen las obras. 

Una tarde tranquila. ¿Somos nosotros los que a las siete estamos sentados en nuestra habitación? No me conozco. Gracias que Teo está trabajando en su mapa y con “el libro gordo de Petete” (la Guía de Castilla la Mancha). Es como si estuviese subiendo al castillo de Rivas de Santiuste. No le hizo pereza al camino largo y empinado. Ya nos dijeron los nativos que una hora de ida y otra de vuelta. Da la vida que, como por la mañana estuvimos en el Santuario de la Virgen de la Salud, no hubo ninguna novedad. ¡Qué gusto cuando lo vimos aparecer! Yo pensaba que me tenía que haber ido a acompañarlo; pero la verdad, no me encontraba con ánimos. Todos los habitantes de Santiuste estaban pendientes de nosotros. Como casi los de todos estos pueblos del norte de Guadalajara que, a pesar de su antigüedad, son tan pequeños que algunos sólo tienen tres vecinos: el de la casa amarilla, el de los albañiles y la chimenea del humo en Villacadima.  El último de la provincia, iglesia con cuatro arquivoltas, con motivos vegetales y geométricos.

Condemios de Arriba. Está bien, está urbanizado, hay vida y un bar con comedor. 

Cantalojas. No está mal, pero no nos dieron de comer ni alojamiento.

Galve de Sorbe. Sí nos gusta por la vida tan tranquila que nos ha proporcionado. Y un castillo que fundó el infante Don Juan Manuel.

Condemios de Abajo. Desorden, ruinas, fantasma, vestido de blanco. Una plaza mayor con Ayuntamiento formando un bello conjunto con soportales del siglo XV. Buena comida y cama. 

Tamajón. Casas construidas con piedras de sillería y caliza. Escudos y balconadas, iglesia de origen románico.

Campilla de Ranas. Es un conjunto de pequeñas casas de pizarra que le dan un original aspecto.

Majaelrayo. Otro pueblo negro por su construcción total de pizarra, paredes, tejado, suelo,… Todo.

Valverde de los Arroyos. Como éste ninguno, vale la pena porque aparte de la pizarra, sus casas están rodeadas de flores, colores y verdes enredaderas en sus puertas y balcones. ¡Qué armonía! ¡Qué belleza! El alma se serena, se ensancha, se lleva y sólo tienes palabras para dar gracias a Dios por habernos dado la vida, la vista y el sentir que ensancha el corazón para amar, tanta belleza a sus criaturas y a todos los seres del universo.

Albendiego. Sólo vemos al cartero. Nos informa que Santa Coloma está a 1 km del pueblo. Tomamos camino y ya. La iglesia románica con su cabecera llena de rosetones en sus ventanas de celosía en piedra calada de origen mudéjar, único en este tipo de iglesia. Nos hace pensar en unas manos moriscas que hacen templos católicos.

Cansados, pero satisfechos, damos gracias a Dios.

FIN.


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