Viaje en familia. Cortes. 1993.

1993. Viajes mama. Agosto. Santuario de Cortes.

Papá, mamá, Celia hija, Fede, Gustavo, Teo, Jorge, Celia su novia y Celia  el primer día.

Hoy 29 de julio de 1993, después de un día de intensos preparativos, coser tienda, cremallera, colchonetas –fracaso rotundo, se quedan en la cabaña las dos esponjas-. Ya lo notaremos esta noche ¿a quién le tocará? Tengo suerte que a las 9 de la mañana me libro de salir corriendo. Maria Celia  y Teo llevan a Jorge y Celia, su novia, hasta Cortes.  Celia Hidalgo lleva a Fede, Gustavo y papá. Yo me quedo a preparar los espaguetis con jamón, las guarreta y las salchichillas que les están riquísimas. Ya empiezan las contrariedades, Maria Celia  se deja en casa la llave de la gasolina. Así la aventura tiene más emoción. ¿Llegaremos, no llegaremos? Sí, por fin llegaron y se pudo repostar ¡Qué respiro!
Con aquel cargamento, como decían en la plaza, emprendemos camino del Santuario. Pensaba comprarle el encargo a Antonio, pero dada la hora -2 de la tarde – está todo cerrado.
Peñascosa nos da una falsa imagen de nuestros excursionistas: desarrapados, peluchos, desmadejados, esos son. Pues no, habían seguido un par de kilómetros y ya mi hijo Teo y Fede nos indican el desvío para el almuerzo. El restaurante es acogedor, con aire acondicionado y mullidas alfombras en suaves tonos ocres y verdes. Maravilloso. Veremos qué tal funciona hoy el lavavajillas. Yo coloque todo bien, pero todavía no sé si por 200 pesetas entra ese servicio de fregado. Sí, resultó. Baño, servicio de cafetería y limpieza de vajilla, todo perfecto, si no fuera porque “el gran jefe” está esperando al personal para proseguir la marcha. ¡Qué constante!  No pierde ripio, es incansable. 
-Ya, ya.
-Ya vamos. Espera. Un respiro, que sólo son las seis
-Y cuarto- añade –En camino.
Gustavo quiere adelantar y “zas” al suelo. No. Más despacio se llega antes. La cuesta es muy empinada y si sólo se dispone de un “remo”, claro, no es lo mismo. Seguimos el equipamiento a la comitiva que se queja de las cuestas arriba de la ruta, pero no dicen nada de las cuestas abajo.
Exploramos Celia hija y yo hasta el kilómetro 9 y vemos varias opciones: pedregales, cañadas de juncos, regueras o eras. ¿Con cuál nos quedamos? El tiempo de sol y el cansancio de los caminantes lo dirán. Ya. Por fin atardece y nos decidimos por unanimidad.
-Mira qué acogedor. Una reguera rodeada de hierba fresca y un valle rodeado de montes con entrada desde la carretera y todo. Fede muy feliz porque no hay ninguna piedra debajo de las tiendas.  ¡Que se lo pregunten a Teo! Por eso Fede se fue al harén de las Celias.
 



-¿Dormiste bien?- Se preguntaban unos a otros. 
-Yo sí.
-Pues yo regular.
-Pues yo.. con una mole en los riñones.
-Pues yo con frío.
Desayunar todos bien sin duda alguna: tres docenas de magdalenas, cuatro tostadas, tres litros de leche, seis bocadillos,… No se nota que anoche no podíamos con la sopa y las patatas con huevos.
Todos en marcha, con frío y miedo a una lluvia que no llegó, pero sí un aire fresquito agradable que se acaba al llegar a Bogarra. ¡Qué cuestas! Aspirina, embutido, queso, fruta y dulce que nos agregan. En la exploración encontramos varios sitios. La verdad que todo es precioso, el problema es la entrada del coche. Como no está cerrada la cadena, entramos en un camino con chopos y reguera húmeda. Todos a la sombra y nos hinchamos de migas ruleras y chocolate; pero no quieren perderse las morcillas ni las guarretas. ¿Cómo no van a dormir si son 14 km. Los que se han hecho esta mañana.
91- 3594605 AMA
Sí. Hoy ha hecho historia el acontecimiento, visto ahora que lo transcribo a las 24 horas. Ya lo veo con más tranquilidad; pero ayer -después de bien comer, bien dormir, bien bañarse en la piscina de Bogarra y despedidos los últimos excursionistas a las seis de la tarde- mi copiloto me advierte de la conveniencia de bajar del coche y vigilar la salida del camino con alcantarillas descubiertas a los dos lados. Yo, con un exceso de autoconfianza, no lo creo necesario. Miro por el espejo retrovisor, veo el mojón y calculo mal, porque el poste estaba un metro después de la cuneta de 60 cm de hondo y ¡Cataplum! La rueda izquierda trasera al fondo. ¡Qué susto! ¡Qué nervios! ¡Qué incertidumbre! Pues sí, el primer paso, volver a la casa del chalet y pedir auxilio a los señores. No, no hay tractor.
-¿Teléfono?
-No, no hay teléfono.
-¿Dónde lo podemos encontrar?
-Tractor en una aldea a dos kilómetros más lejos y teléfono en el pueblo a cinco kilómetros.
Bueno, colocamos ese número que habéis visto antes y nos vamos las dos a la carretera, no sin que antes nos haya ofrecido el “caballero” sus servicios que unidos a nuestros “caballeros” podrían levantar la rueda; pero para su asombro, los nuestros se habían marchado todos y nos habían dejado solas.
El primer coche que pase en un sentido u otro le haremos el alto, o teléfono o tractor. No tardó ni diez minutos en pasar un amabilísimo señor que bajó acompañado de su esposa e hijos y quería echar el cable. No fue necesario porque en ese momento pasó un camión de ICONA cuyos ocupantes, previo permiso de sus jefes, actuaron con eficacia y con la colaboración de los dos automovilistas.. todo solucionado. ¡Qué agradecimiento! ¡Qué tranquilidad! ¡Qué alegría! Ya en carretera nos cruzamos con el grupo de retaguardia. 
-¿Falta mucho para el pueblo?
-Unos tres kilómetros.
Pero no sabían ellos que la piscina estaba por lo menos a otros dos kilómetros del pueblo. Allí encontramos a la avanzadilla refrescando que nos invitaron a fanta o cerveza. Ya hacia las ocho llegó el resto y tras la consumición fuimos de exploración, poco fructífera, porque pocas eran las oportunidades de acampar.
Tras el desbroce de tomillos se instalaron las tiendas y se fabricaron cuatro tortillas, suficientes para los hambrientos. Calor, mucho calor, la tónica del pernoctar, con algún otro incidente como el campista del tomillar o la chica de la vigilia.
¡Vaya humores esta mañana! ¿Quién se asombra en esta familia del desorden? ¡A ver! Pues sí.
Todo se friega, se organiza, se recoge, se mete en su sitio y ya en marcha; eso sí, acompañadas y dirigidas por todos los varones del campamento. Les picó la indirecta del señor.
Vamos a inspeccionar el camino. Vemos el 35, 36 y 37. Cogemos agua en AYNA y volvemos a dar el parte. Quieren adelantar y atraviesan las cuestas con “mucho trabajo”, menos Gustavo que va como la seda. Al despedirnos de los pedestres, papá encarga cervezas “muy frías” pues no, que la tensión sube. 
-¡Querida hija mía, por favor!
No se puede resistir y ¡zas! cuatro cervezas y dos fantas, gaseosa a todo lujo. ¡Menudo vermut! No se van a comer el arroz y garbanzos, ya verás. Me equivoqué. Todo, todo, como Belén y Laura. Café y, como es domingo, alabamos al Señor comiendo chocolate de postre y con almendra y rollos. Dormir, dormir la siesta que hasta el año que viene no os vais a ver en otra gozada de salón redondo con aire acondicionado y columnas verdes refrigeradas, hasta el punto de tener fresco bajo el nogal y buen calor al salir de la enorme sombrilla.
Jorge, el dinámico, sale “lanza en ristre” y sin descanso, batalla contra sol y calma, 3, 4, 5, 6, 7 kilómetros. ¡Qué largos recién comido y con este calor! Menos mal que la piscina es el mejor trofeo de nuestro heroico “Quijote”. Llegamos por tiempos el resto del equipo, primero Fede, Celia, Teo y los últimos Gustavo, Padre y Celia y yo. Para todos hay refresco, cerveza o café.
Esto de la civilización está muy criticado por los ecologistas, pero la verdad que es un placer ver como pasan los bosques, los terraplenes y las CUESTAS que apenas si se notan. En Ayna todo es placer de dioses en el Hotel Fede II. Nos dan unos reales bocadillos, unas reales chuletas y no menos reales helados. Una buena coronación de la última etapa.
Demos gracias a Dios que todo fue bien y puede ser alabado por dejarnos disfrutar de la naturaleza y la compañía. 1 de Agosto de 1993.

 

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